Piratería y contenido libre

Respeto por los creadores

Aunque el concepto de piratería en la industria internacional del libro tiende a centrarse en las vulnerabilidades digitales, José Borghino, secretario general de la Unión Internacional de Editores (IPA, por sus siglas en inglés) recordó a la Asociación de Editores Árabes, en su cuarta conferencia celebrada en Túnez este mes, que la piratería ha sido un desafío para el libro "desde el principio", desde que el autor de Don Quijote de la Mancha refirió una continuación no autorizada del primer volumen de su obra realizada “por un impostor, un pirata de sus ideas". En este sentido, la piratería de libros no siempre significa una cosa u otra. En los países subsaharianos puede referirse a libros impresos falsificados, mientras que en Europa y América del Norte es principalmente una realidad de formato electrónico.

Estimado: 13.9 mil millones de páginas pirateadas en un mes
Borghino retomó un informe de David Price, el director de análisis de piratería para NetNames, quien declaró que, en enero de 2013, 432 millones de usuarios de internet buscaron explícitamente contenido infractor. "En América del Norte, Europa y la región Asia-Pacífico -que constituyeron la mayoría (82.6%) de los usuarios de internet del mundo y 95.1% del ancho de banda consumido en ese momento- Price estimó que el uso de banda infractora aumentó en 159% entre 2010 y 2013 y representó casi el 24% del ancho de banda total utilizado por todos los usuarios de internet en estas regiones. Además, afirmó que sólo en enero de 2013 se registraron 13 900 millones de páginas vistas en sitios web de piratería".

Por otra parte, "la avalancha de e-piratería no sólo tiene ramificaciones financieras", reveló Borghino, sino que "también tiene un profundo impacto psicológico en los editores". Algunos de ellos incluso retrasan el desarrollo tecnológico de sus mercados locales, y prefieren al diablo que conocen, la piratería en papel, a la vertiginosa amenaza de perder el control de sus archivos electrónicos.

Colisión de derechos de autor con Freetards
En opinión de Borghino, el derecho de autor, en el lenguaje del liberalismo clásico "se trata del derecho del individuo a crear e intercambiar su propia propiedad intelectual". En términos marxistas, es la capacidad de un individuo para explotar y extraer plusvalía del trabajo intelectual. "Y éticamente, parafraseando al escritor australiano John Birmingham, el derecho de autor es simplemente 'una codificación de respeto' para los creadores”.

"A pesar de los mejores esfuerzos del movimiento anti-copyright -los 'freetards' como los llama Birmingham-, la información sigue siendo sólo un sustantivo abstracto", describe Borghino.

"No quiere 'ser libre'. No 'quiere' nada. O se sienta, es ignorado por miles de millones de personas, o se convierte en el último meme viral, compartido por todos. Pero sea cual sea su estado de consumo, la única cosa que cada bit de información tiene en común con cualquier otro bit es que todos fueron creados por seres humanos. Y a diferencia de la información, los humanos no son abstractos: son sustantivos concretos e incluso propios".

Borghino comentó también que los humanos somos consumidores, productores, usuarios y creadores y todos deberíamos recibir un pago por nuestro trabajo. Por tanto, ofreció cuatro puntos de acercamiento para proteger el derecho de autor de los editores:

  • La oferta funciona comercialmente en todos los formatos electrónicos y en papel, porque eso es lo que quieren los consumidores. Los libros deben tener un precio competitivo y ser de la más alta calidad, y deben estar disponibles con el mínimo inconveniente.
  • Los editores deben comunicar activamente el valor de sus libros, no sólo en términos de precio, sino como vectores culturales, educativos e intelectuales.
  • Los editores deben luchar contra los piratas dondequiera que existan, utilizando los medios legales a su disposición.
  • Los editores deben presionar a los gobiernos para que tomen medidas apropiadas y oportunas.

"Con frecuencia", indicó Borghino, "los gobiernos deben convencerse de que el flagelo de la piratería es un problema para ellos y para las economías en evolución de sus países".

* Con información de Porter Anderson / publishingperspectives.com