Buenas tardes a todos: a miembros del presídium, a miembros de la Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana, a los miembros del Centro de Innovación y Desarrollo Profesional para la Industria Editorial (Editamos), a la Fundación Juan Grijalbo Serres, a estudiantes de diplomados; desde luego, a mis queridos colegas y amigos becarios, y a todos quienes nos acompañan en este día de júbilo. Definitivamente, cursar el seminario intensivo que lleva por nombre Beca Juan Grijalbo ha cambiado nuestras vidas profesionales y personales; ha representado para muchos de nosotros un punto de quiebre que nos lleva a replantear nuestra función en la cadena del libro (o mejor dicho, la red del libro), y a darnos cuenta de que estamos en una posición, ciertamente, privilegiada. Vivimos en un mundo de tantas posibilidades, que hoy podemos optar por defender, con nuestra labor diaria y nuestros actos, el valor de las ideas: como autores, editores, traductores, diseñadores, correctores, libreros e impresores…, podemos defender la verdad ante la mentira, el espíritu ante la vanidad, los valores ante la liquidez de la moral, la educación ante la marginación, el arte frente a la vacuidad de la sociedad y, sobre todo, el valor de los libros y sus contenidos, en cualquiera de sus soportes. Los libros son y deberán ser el cúmulo de ideas y el cimiento de la futura condición humana.
 
Con la Beca Juan Grijalbo nos hemos re-conocido –así, con guion intermedio–, pues hemos escuchado a los maestros del libro para entender cuánto sabemos y cuánto nos falta por saber. Ha sido un gran parámetro para los editores y para quienes colaboran con nosotros en la curaduría y hechura de contenidos, pues no existe un punto de término, una línea de meta, en la formación del oficio; cada obra implica aprendizajes nuevos, en gestión y lenguaje, además de otros retos por afrontar en una industria llamada “de crisis permanente”. A los ojos de otros, la edición es, precisamente, por esa experiencia inagotable e inacabada, un oficio cuestionable (tal vez porque se vive en una extraña simbiosis con el error), pero en cofradía la profesión es bien entendida y suficientemente placentera, pues entre editores nos queda claro que un libro es producto de buenas y malas decisiones, siempre en busca de la lectura de calidad.
 
La edición es posibilidad, estrategia y oportunidad. Editar es comunicar. Editar es hacer tantas cosas que bien pueden describirse por separado, pero que difícilmente pueden conjuntarse en una sola definición. Si se duda de ello, pregúntese a Bashkar, a Piccolini, a Darnton, y a quienes hoy, aquí presentes, son –además de mis amigos– mis maestros. La mejor manera de definir el oficio es, quizá, dejando todos los días un pedazo de corazón y otro tanto de hígado en cada título publicado. En cada libro hay un autor que habla, pero también, oculto en la tinta, en la retórica y el papel hay un editor (y un equipo editorial) que respira(n).
 
Quienes pasamos por la experiencia que representa la Beca también nos hemos llevado el compromiso de transmitir los saberes adquiridos a nuestros campos de acción, a fin de ayudar a otros a mejorar los procesos de edición, producción, promoción y venta de los libros. ¡Menuda tarea! También pienso que representamos a una generación de editores que determinará la existencia del libro en el futuro, en qué forma lo hará y en quiénes descansará su apogeo o pervivencia: ¿será, acaso, en la industria editorial o será en otros sectores productivos, como los dedicados al ocio y al entretenimiento? ¡Hoy más que nunca defendamos al libro y sus valores! ¡Defendamos nuestro oficio! Hagamos méritos para que los cronistas del mañana, al momento de relatar nuestras andanzas, tengan elogiosos episodios de sobra, mucha tela por donde cortar. ¿Qué dirán entonces de nuestra industria, del libro y de nosotros? Imaginemos y deseemos; luego, actuemos.
 
Debo decir que me siento profundamente agradecido no solo por formar parte de esta emblemática edición de la Beca: la trigésima, ni más ni menos. Aun siendo lego en numerología, considero que el 30 augura grandes logros, y también conlleva interesantes desafíos. Agradezco a mis compañeros becarios la oportunidad de representarlos en esta declaración, este manifiesto de gratitud, que hoy hago a todas las personas e instituciones que nos apoyaron para estar aquí y a quienes han compartido sus años de experiencia para que nosotros podamos seguir haciendo lo mejor por los libros. Exhorto a mis compañeros a dar su mayor esfuerzo en sus respectivos frentes de batalla para su satisfacción personal y, sobre todo, para el gozo de quienes, hoy, celebran nuestra formación.
 
Muchas gracias.

*Por Jorge Durán
*Foto: Editamos