Con motivo del Día Nacional del Bibliotecario, la Escuela Nacional de Biblioteconomía y Archivonomía organizó el 5to. Foro Nacional de Profesionales de la Información, que tuvo lugar los pasados 6 y 7 de septiembre en sus instalaciones ubicadas en Calzada Ticomán 645, colonia Santa María Ticomán, en la Ciudad de México. Durante el acto inaugural del encuentro, el Sr. Carlos Anaya Rosique, presidente de la Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana (CANIEM) ofreció la ponencia magistral de inauguración, cuyo extracto reproducimos en este espacio:
 
La escritura ha modelado el mundo y la cultura en que vivimos. Ha acrecentado el número de las crónicas, los poemas, las fabulaciones, y ha extendido como por milagro el espacio de su duración.
 
De muchas maneras la literatura oral sobrevive, pero la que se escribe es más vigorosa, más fácilmente perdurable y transmisible. La literatura oral es una literatura que no existe cabalmente mientras no haya sido puesta en manos del lector de forma escrita.
 
Llevar las obras literarias a los lectores es, en este momento y con el auge de los formatos electrónicos, una tarea más sencilla que la que suponía se realizaba el siglo pasado; sin embargo, resolverlo y llevarlo a cabo implica continuar publicando y editando revistas, folletos, suplementos, libros; así como lograr la distribución de este material; se requiere despertar el interés del público, de un público que de forma distinta percibe el mundo y, a la vez, organizar bibliotecas surtidas con toda clase de literatura; sin olvidar la formación de nuevos y mejores lectores. Y es que, en nuestro país, los lectores de libros son muy pocos; no existe mejor manera de promover la literatura que multiplicar a los lectores.
 
Quiero insistir en que la letra impresa es el espacio propio de nuestra literatura: lo habitual es que ésta se escriba, se publique y se lea. Me parece útil tomar conciencia de que la literatura llega al público primordialmente en libros y revistas, en diarios y publicaciones digitales y, otros formatos impresos.
 
Hablar de literatura nos obliga a tomar en cuenta no sólo la escritura de libro, sino toda esa intrincada red de hechos que lo reproducen y lo hacen llegar al lector, y que incluyen la edición, la distribución, la promoción, la crítica, la venta, las becas, los premios, las relaciones con la prensa, la radio, el cine, la televisión. Si la literatura nos preocupa, bien podemos ocuparnos de la producción y el destino de los libros y demás medios que la contienen.
 
La promoción y difusión cultural es fundamental para el conocimiento de la idiosincrasia, de la historia y de la cosmogonía de los pueblos. México es un enclave con rica tradición cultural, tanto antigua como contemporánea que ha enriquecido el patrimonio de las artes a lo largo de la vida de la nación.
 
En este largo camino de la historia cultural del país, desde la época colonial hasta nuestros días, el papel del libro ha sido pilar fundamental en el desarrollo educativo y de difusión del conocimiento. Más aún si se suma la producción industrial que arranca por ahí de los años 20 del siglo pasado, y donde se construye una cadena productiva que marca el progreso de la industria editorial mexicana.
 
Desde muchas perspectivas, el proceso evolutivo de la industria editorial va aparejado con el progreso cultural, pero también con el desempeño económico, político y social. Los hilos de la historia del país están atados a las páginas de libros y revistas que han dado cuenta del devenir nacional.
 
La cadena productiva del libro y la revista involucra a ramas tan diversas como las artes gráficas, la industria del papel, de la producción de químicos e insumos, etcétera; todos trabajando para que el lector tenga en sus manos un producto acorde con sus necesidades culturales, de conocimiento o diversión.
 
La CANIEM agrupa desde hace 54 años a la gran mayoría de editores de libros y muchos de publicaciones periódicas. Organizados como un gremio al cuidado del desarrollo de las empresas editoriales, tenemos de igual forma la vocación del fomento a la lectura. Corremos al parejo del desarrollo educativo y nos aliamos con los programas de las instituciones de gobierno que marcan directrices para incrementar la lectura en el país. El reto de la industria editorial y de la cadena productiva es dejar de lado las estadísticas que marcan un bajo nivel de lectura en la población. Las nuevas tecnologías y el libre acceso a contenidos a través de las herramientas digitales, son oportunidad única para el fomento y difusión del texto.
 
Hay quienes piensan que la industria editorial teme al avance tecnológico; como si la incursión en el mercado del libro y la revista digital debilitaran al gremio. Nada más alejado. Los editores somos creadores, difusores y comercializadores de contenidos. El soporte a través del cual estos contenidos llegan al lector depende de sus gustos y necesidades. Lo esencial es que se conserve la calidad y se impida el trastocamiento del derecho de autor, columna vertebral de la generación de contenidos.
 
A consecuencia de las tecnologías provenientes de la electrónica y la informática, los medios de comunicación adquieren mayores recursos, más dinamizados, alcances mucho más amplios que los imaginados por Gutenberg en el siglo XV. Los medios de comunicación de masas, potenciados por esas tecnologías, rompen o rebasan fronteras, culturas, idiomas, religiones, regímenes políticos, diversidades y desigualdades socioeconómicas y jerarquías raciales, de sexo y edad. En pocos años, en la segunda mitad del siglo XX, la industria cultural revoluciona el mundo de la cultura, transforma radicalmente el imaginario de todo el mundo. Se forma una cultura de masas mundial, tanto por la difusión de las producciones locales y nacionales como por la creación directa en escala mundial. Hablamos de producciones musicales, cinematográficas, teatrales y por supuesto literarias, entre otras, lanzadas directamente al mundo como signos mundiales o de mundialización. Se difunden por los más diversos pueblos, independientemente de sus peculiaridades nacionales, culturales, lingüísticas, históricas y religiosas.
 
En el ámbito de comunidad multitextual prevalecen los medios electrónicos como un poderoso instrumento de comunicación, información, comprensión, explicación e imaginación de lo que sucede por el mundo; junto con la comunicación impresa, los medios electrónicos pasan a desempeñar el singular papel de intelectual orgánico de los centros mundiales del conocimiento.
 
El ser humano se enfrenta así, a retos diversos en el siglo XXI. Debe prepararse para una sociedad cada día más interconectada y con mayor información a cada instante, es decir, desarrollar la capacidad de adaptación a un entorno fluido y en evolución permanente.
 
La biblioteca es uno de los eslabones fundamentales de la cadena del libro y juega un papel fundamental en la preservación, promoción y difusión de la palabra escrita y es el espacio donde es más claro el encuentro entre los libros y los lectores. No hay nada más alentador que ver los pasillos de las bibliotecas llenos de usuarios, entre niños, jóvenes y adultos que buscan en los ficheros y los lomos de los libros una guía, un dato, una fantasía o un sueño.
 
Allí es donde ustedes ejercen una bellísima y complicada profesión: un bibliotecario es ante todo una figura que guía tanto a quienes gustamos de la lectura y la investigación, como a los que se inician en la aventura de la lectura. Gracias a ustedes logramos encontrar el material adecuado para el esparcimiento, pues son ustedes quienes se encargan de promover la lectura y el cuidado de ella gracias a su labor.
 
Un bibliotecario, además, guía los pasos del investigador hacia el material adecuado para que éste último continúe por la vereda del conocimiento y pueda, en su momento, enriquecer nuestro acervo cultural y científico.
 
De igual modo, al actualizar el catálogo constantemente, se vuelve también un experto en los contenidos más novedosos, los de interés tecnológico e incluso de los de fantasía, convirtiéndose así en un promotor especializado.
 
En la CANIEM sabemos que la biblioteca, el bibliotecario y el profesional en archivonomía tienen la función de convertir sus lugares en centros de difusión de la palabra y la cultura en general. Como entes sociales, todos los integrantes de la cadena de valor del libro y la revista debemos pugnar porque la biblioteca se convierta en un centro de convivencia familiar; en un lugar donde los niños, jóvenes y adultos se reúnan para hablar de libros, más allá de las obligaciones escolares, profesionales o académicas.
 
Las bibliotecas públicas son el destino natural de los contenidos editoriales. Al igual que los dispositivos electrónicos, que no cumplen su función sin contenidos, las bibliotecas no funcionan sin libros. Hace falta fortalecer el eslabón de la cadena libro-lector. Al respecto, en la Cámara pensamos que el desarrollo de las bibliotecas, en todos los niveles, es fundamental para el desarrollo de la educación del país.
Carlos Anaya Rosique
6 de septiembre de 2018