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Rumbo al Premio Nacional Juan Pablos al Mérito Editorial 2017
 
Don Jaime Labastida Ochoa nació en Los Mochis, Sinaloa; es doctor en Filosofía por la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México, además de escritor, poeta, académico e investigador. Fue nombrado asesor de la UNESCO en 1981 y dirigió la revista Plural del periódico Excélsior. Formó parte del consejo editorial de la colección SEP-Setentas. Impulsor de la cultura y de las letras mexicanas, ha sido condecorado con varios premios y distinciones a lo largo de su trayectoria. Desde 1990 es director de Siglo XXI Editores. En febrero de 2011 fue nombrado director de la Academia Mexicana de la Lengua.
Boletín Editores se dio a la tarea de entrevistar al Dr. Labastida en torno al Premio Juan Pablos, mismo que recibió en 2009.
 

  1. ¿Cuál es la relevancia del Premio Nacional Juan Pablos al Mérito Editorial?

El Premio Nacional Juan Pablos reconoce la trayectoria de una persona, dedicada a lo largo de toda su vida a las labores editoriales; quien lo recibe, como es mi caso, no puede menos que sentir un enorme orgullo. Desde que era estudiante me dediqué a labores editoriales, lo continué haciendo en mi vida profesional, y desde hace muchos años, además de dirigir Siglo XXI Editores, he dirigido revistas: una revista cultural, durante muchos años; la revista del Banco de Comercio Exterior, y algunas otras revistas universitarias. La relevancia, pues, del Premio Juan Pablos al Mérito Editorial es enorme, porque los editores reconocen en alguno de sus pares los méritos suficientes para recibirlo.

  1. ¿Qué significó para usted ser reconocido con el Premio Juan Pablos?

Bueno, una enorme satisfacción: uno trabaja por deber, yo al menos lo hago así, y que nuestros compañeros de labor reconozcan que la tarea que ha hecho uno ha sido digna de ser reconocida, no deja de ser enormemente satisfactorio; es el premio más alto que la industria editorial otorga a uno de sus miembros. En el caso específico de Siglo XXI Editores quiero decir que los dos directores que hemos estado al frente de la editorial lo hemos recibido: primero, Arnaldo Orfila, después yo, y qué puedo decir, esto es enormemente satisfactorio.

  1. ¿Es un orgullo o un compromiso ser Premio Juan Pablos?, ¿por qué?

Pues son las dos cosas. Desde luego es un orgullo, lo que significa el compromiso es que uno debe continuar haciendo su tarea de la mejor manera posible, llegar a la excelencia. Eso es justamente lo que significa el Premio Juan Pablos, que uno tenga que ser cada día lo mejor, dar lo mejor de sí mismo, para que el premio continúe desarrollándose como hasta ahora lo ha hecho.

  1. ¿Qué les diría a los integrantes de la industria editorial que participaron al postular a algún candidato al Premio Nacional Juan Pablos al Mérito Editorial?

Que piensen siempre que la industria editorial es una tarea de carácter educativo, que hacer libros no es una tarea común y corriente; desde luego, se trata de una industria, industria editorial, pero es una industria que afecta la inteligencia y la sensibilidad de los lectores: la industria editorial contribuye a formar lectores y por lo tanto a formar personas inteligentes. ¿Qué diría?, pues que los que propongan candidatos piensen justamente en esos perfiles, gente que haya dedicado su vida entera al trabajo editorial.

  1. ¿Cómo es vista la industria editorial mexicana en otras partes del mundo? ¿La consideran una industria sólida y referente del sector en América Latina? ¿Qué se puede hacer para fortalecerla?

Durante muchísimos años las editoriales mexicanas tuvieron un carácter fundamentalmente artesanal, hubo épocas en las cuales los propios autores se ayudaba de sus amigos y de ellos mismos para publicar los libros. Editoriales nacían y desaparecían; por los años 50, había 3 o 4 editoriales sólidas en México, no había propiamente una industria editorial. Existía, desde luego que todavía subsisten, la Editorial Porrúa, el Fondo de Cultura Económica, la Editorial Jus, la Editorial Universitaria, pero creo que hay que señalar con claridad que la industria editorial mexicana se benefició muchísimo con la llegada de los transterrados españoles, la industria editorial mexicana se transformó por influencia de ellos en una industria de nivel internacional. si sumamos a esto la parálisis intelectual que hubo en España bajo la dictadura de Franco, los dos polos de la industria editorial se trasladaron a Buenos Aires y a México; es fundamental subrayar esto, México tomó el relevo de España, y las grandes editoriales mexicanas tuvieron por consecuencia un gran desarrollo.
¿Qué se puede hacer para fortalecerla? En otras latitudes hay estímulos a la industria editorial, hay estímulos a la producción y exportación de libros. En México, por desgracia, se han quitado estos estímulos y la industria tiene problemas de crecimiento por la misma causa, pero me parece que la mejor vía para fortalecerla es crear cada vez mayor número de lectores, y la creación de los lectores va desde la infancia, por lo tanto desde la escuela y desde la familia. No basta con estímulos fiscales, los estímulos son formas subsidiarias de hacer que una industria editorial crezca; yo creo que la mayor manera de hacer que la industria editorial se fortalezca es creando gente que demande los libros, y si no hay esta demanda, no se puede crear una industria editorial fuerte y vigorosa.
México potencialmente tendría el mayor número de lectores, no los tiene porque se lee muy poco, porque no hay suficiente impulso a la lectura desde la infancia; creo que en el largo plazo ésta es la solución posible: leemos medio libro per cápita al año, y se tiene que elevar a los niveles que tienen otras naciones, incluso de lengua española, ya no digamos a los niveles que tienen naciones desarrolladas como Suecia, Estados Unidos, Inglaterra, Francia y Alemania. Esa sería nuestra meta: llegar a leer 10, 12 libros per cápita al año.

  1. ¿Qué consejo le da a los jóvenes que quieren integrarse al mundo editorial mexicano? ¿Qué opciones tienen?

Soy enemigo de dar consejos, yo haría una sugerencia: que lean mucho, no hay otra manera de hacerse un buen editor que leyendo mucho y corrigiendo pruebas; casi todos los que somos editores empezamos por las tareas aparentemente más deleznables o iniciales del trabajo editorial, que fue la corrección de lo que llamamos galeras; hoy se hace todo esto por computadora, pero no es desdeñable que se siga haciendo este trabajo mediante el proceso que antes se hacía.
Hasta ahora, los editores se han formado de manera práctica, en el trabajo editorial mismo, no hay una escuela, propiamente hablando, "de editorial". Se puede aprender el oficio, porque es una técnica también, pero además de la técnica, hay una vocación, y la vocación no se sustituye por meros aprendizajes técnicos: la gente tiene que amar este oficio, y si lo ama como yo lo amo, es muy satisfactorio trabajar en la industria editorial. Hay que amar este trabajo, y saber que no reditúa grandes beneficios económicos, pero sí enormes satisfacciones desde el punto de vista intelectual.
Muchas gracias por esta entrevista Dr. Jaime Labastida Ochoa.