Nací en un pueblito de Michoacán que se llama Cuitzeo del Porvenir, ahí estudié la primaria y luego me fui a Morelia a terminar la secundaria y la preparatoria. En ese momento me llamó la vida en el claustro e ingresé con los religiosos agustinos en Guanajuato, aunque no llegué a ser novicio porque decidí irme a la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, en la ciudad de Morelia, a estudiar derecho.
En el segundo año de carrera, por un problema político, me tuve que venir a vivir a la ciudad de México —en agosto de 1948— para continuar mis estudios universitarios. Resulta que renunció el gobernador José María Mendoza Pardo por un problema estudiantil y cuando el ejército entró a San Nicolás, cayeron los poderes del Estado y el hecho de que yo estuviera vinculado con el partido Acción Nacional actuó en mi contra. En la ciudad de México ingresé a la Escuela Nacional de Jurisprudencia de la Universidad Nacional Autónoma de México en San Ildefonso, donde me recibí en la década de los cincuenta.
Me dediqué al derecho penal, fui defensor de oficio de reos pobres; luego trabajé en el despacho de Merino y Gómez Basurto, especialistas en derecho laboral y problemas obrero-patronales, lo que ahora llaman derecho corporativo. Estando con Luis G. Basurto, el dueño del despacho y padre del dramaturgo, y con Fernando Roma Lugo me invitaron a trabajar a la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal, donde me quedé quince años.
En 1962, ya cuando trabajaba en la Caniem, me casé con mi finada esposa Margarita Figueroa, de mí mismo pueblo. Fuimos novios allá, y yo seguía yendo a ver a mi madre y la veía a ella. Tuvimos dos hijas: Gabriela, la menor, que murió hace años, y Adriana.
Con motivo de los primeros cincuenta años de nuestra querida Caniem, traeré a presencia algunos hechos que me tocó vivir al lado de nuestros inolvidables presidentes que, lamentablemente, se nos han adelantado en el camino que todos habremos de recorrer.
Me resulta profundamente grato recordar que la Caniem y la Cámara Nacional de la Industria de Artes Gráficas (Canagraf), que representan a empresarios cuyos giros industriales han sido considerados como giros conexos, son organismos gremiales coetáneos, ya que su asamblea general constitutiva se verificó en marzo de 1964, después de que la Suprema Corte de Justicia de la Nación confirmó en ambos casos la sentencia del Juez del Distrito en Materia Administrativa del Distrito Federal en el juicio de amparo promovido en contra de la Secretaría de Industria y Comercio que autorizó la creación de los dos organismos gremiales y aprobó sus estatutos.
En marzo de 1964, ya constituidas legalmente las dos nuevas cámaras industriales, la Caniem y la Canagraf, sus respectivos consejos directivos acordaron verificar una comida a la que fueron invitados los industriales miembros de ambos organismos gremiales. Recuerdo que, a la hora de los brindis, varios asistentes felicitaron a los fundadores y formularon sus votos para que ambas cámaras tuvieran una larga y fecunda vida y porque trabajaran incansablemente por México, por su industria gráfica y por su industria editorial.
Cerraron la ronda de oradores espontáneos, Rafael Reynoso y Martínez y Agustín Laborie Martínez, elegidos presidentes por el primer consejo directivo de las dos cámaras y que, de manera conjunta, lanzaron la propuesta para solicitar a la Secretaría de Industria y Comercio la autorización para fusionarlas legalmente con el objeto de formar un solo organismo gremial que, fortalecido por la militancia activa de sus miembros, tuviera una mayor presencia y voz, ante los tres niveles de gobierno de la República. La propuesta generosa de don Rafael y don Agustín no tuvo el apoyo de la mayoría de los asistentes.
Con el paso de los años, los que fuimos testigos del hecho, comprobamos que, tanto el presidente
Reynoso como el presidente Laborie fueron dos empresarios mexicanos con visión de futuro: su proyecto ha cobrado vida con la creación de cadenas productivas, como la del libro que hoy conforman la Caniem, la Canagraf y la Cámara Nacional de la Industria de la Celulosa y del Papel, que funcionan en la Confederación de Cámaras Industriales de los Estados Unidos Mexicanos. No puede olvidarse que, en 1978, durante la presidencia de don Luis Fernández González, con la valiosa colaboración de Julio Sanz Sainz, se instituyó el Premio Nacional Juan Pablos al Mérito Editorial, que se entrega en el marco del Día Nacional del Libro y de la inauguración oficial de la Feria Internacional del Libro Infantil y Juvenil, cuya organización está a cargo del Conaculta.
En 1978 la Cámara creó el concurso Premios Caniem al Arte Editorial en el que participan los libros y las revistas editados por los afiliados a la Cámara.
Durante la presidencia de Ángel González Avelar, el Consejo Directivo encomendó a Luis Fernández González y a Fernando Trillas Salazar, la localización y adquisición de un inmueble que, además de ser la casa de los editores, fuera el domicilio social de la Caniem. De esta manera se adquirió el terreno y construcción de la casa marcada con el número 13 de la calle de Holanda en la Delegación Coyoacán.
Una anécdota que jamás olvidarán los editores de publicaciones periódicas, sobre todo los de revistas, fue el recrudecimiento de las campañas realizadas por la Comisión Calificadora de Publicaciones Periódicas y Revistas Ilustradas, cuando ésta pasó de la jurisdicción de la Secretaría de Educación Pública a la de la Secretaría de Gobernación, cuyo titular designó a Rafael Sánchez Miranda como director general de Asuntos Jurídicos de la Secretaría y presidente de la Comisión.
Siendo presidente de la Cámara don Francisco Trillas, de grata memoria, el licenciado Sánchez Miranda sometió a la opinión del Consejo Directivo de la Caniem un proyecto de nuevo reglamento para la Comisión que, analizado rigurosamente, se devolvió al funcionario, manifestándole por escrito que la Caniem y sus afiliados encontraron que varias de sus disposiciones eran inconstitucionales. La Caniem, presidida por un prestigiado editor de libros, llevó a cabo una enérgica defensa de sus colegas editores de publicaciones periódicas.
Sorpresivamente, en el Diario Oficial de la Federación se publicó un nuevo reglamento, el cual fue bautizado como “Ley Mordaza”, cuya vigencia fue efímera, pues fue derogado en los primeros días del nuevo gobierno.
Tengo magníficos recuerdos de mi trabajo en la Caniem. Luego de la rigidez de las oficinas de gobierno donde laboré, descubrí una vida social a la que me invitaba González Avelar; pasábamos
horas deliciosas, nos reuníamos en algún restaurante; alguien decía: “Hoy tengo una mesa reservada en La Cueva de Amparo Montes”.
Es cierto, a González Avelar le gustaba mucho cantar, cantaba los tangos con mucho sentimiento.
El Lic. Rafael Servín Arroyo colaboró activamente en la constitución de la Caniem. Fue gerente desde el año de su fundación en 1964 y, posteriormente Director General de la Cámara. Hasta el día de su muerte, el 20 de junio de 2019, se desempeñó como asesor jurídico atiendo asuntos de la Cámara, consultas y solicitudes de gestoría de los señores afiliados en sus problemas.