Una de las razones por las que los libros digitales no han despegado en gran parte de Europa, como lo hicieron en los Estados Unidos en la última década ha sido el tipo de IVA, ya que en la Unión Europea los libros digitales eran tratados como servicios y, por lo tanto, se les aplicaba un impuesto más elevado que a los libros impresos normales. A raíz de una resolución de la U.E. del año pasado, cada país tiene derecho a fijar el tipo de IVA de los libros digitales como considere oportuno. Bélgica, Irlanda, Luxemburgo, Malta y Portugal; ya han reducido el impuesto sobre los libros electrónicos y los audiolibros. Aunque es demasiado pronto para decir qué impacto ha tenido en esos mercados, podemos imaginar que es positivo. Austria, Alemania y los Países Bajos han comprometido bajar el IVA al libro digital el 1 de enero de 2020, y otros cinco países están listos para hacer el cambio el 1 de julio. En la República Checa y Finlandia, el tipo del IVA bajará del 21% y el 24% al 10%. El tipo de IVA sueco para los libros electrónicos y audiolibros bajará del 25% al 6%. En Polonia, la tasa descenderá del 23% al 5%. Y Noruega, que no está en la Unión Europea, pero que se suma a la fiesta, no reducirá el IVA sobre los libros digitales, lo hará desaparecer.
Entre los países que aún no han anunciado una decisión, y que por lo tanto mantienen el statu quo que hace de los libros electrónicos y audiolibros una opción costosa, se encuentran países tan importantes como Francia, España y el Reino Unido. En este último, con el debate de Brexit aún en pleno frenesí, es poco probable que veamos una decisión pronto. Es una lástima porque el Reino Unido es, con diferencia, el mayor mercado europeo de libros electrónicos y, por lo tanto, una reducción sustancial o incluso, al estilo noruego, la abolición efectiva del IVA en los libros digitales, podría realmente plantearnos un panorama esclarecedor sobre las tendencias del mercado. En este momento, los libros digitales en el Reino Unido están sujetos al impuesto del 20% de IVA, mientras que los libros impresos están exentos, con una tasa del 0% de IVA.
Sin embargo, la gran pregunta que cabe hacerse es: ¿los británicos están interesados en la bajada de este IVA? En primer lugar, el Gobierno se despedirá de muchos ingresos si los libros digitales reciben el mismo estatus que los libros impresos. Ante una fuerte presión de la industria para que reduzca este impuesto, el Gobierno podría reconsiderarlo, pero eso nos lleva al segundo reto: convencer a las grandes casas editoriales. Aunque parezca mentira, los editores más grandes tienen un interés personal en que los libros digitales no se vuelvan demasiado competitivos frente a los impresos. No porque estén en contra del libro digital, sino porque, mientras que la impresión se mantenga constante, las librerías independientes continuarán teniendo un importante peso en el mercado. Por el contrario, Amazon es el gran dueño del mercado de libros electrónicos en el Reino Unido y, por tanto, cualquier elemento que promueva un cambio de tendencia del papel a lo digital, inevitablemente da más poder a Amazon en sus negociaciones con los editores. Tras la disputa entre Hachette y Amazon vimos cómo las grandes editoriales optaron por subir los precios de los libros digitales y asumir una caída en las ventas, en vez de arriesgarse a dar a Amazon más poder e influencia.
* Con información de publishnews.es