Entrevista IPA Michiel Kolman Setzer

Desde su lanzamiento en junio de 2014, el Consorcio de Libros Accesibles (ABC), dirigido por la OMPI, se ha esforzado en fomentar la aplicación de medidas que faciliten a las personas ciegas o con discapacidad visual el acceso a las publicaciones. El objetivo es que los editores de todo el mundo produzcan obras “que nazcan accesibles”, es decir, que puedan ser leídas desde el principio tanto por personas sin problemas de visión como por personas con dificultad para acceder al texto impreso.
 
Michiel Kolman, vicepresidente principal de Relaciones con la Industria de la Información de la editorial Elsevier (Países Bajos) y actual presidente de la Unión Internacional de Editores (UIE), y Hugo Andreas Setzer, presidente ejecutivo de El Manual Moderno (México) y vicepresidente de la UIE, intercambian opiniones sobre las implicaciones que ese aspecto del trabajo del Consorcio supone para los editores.
 
¿Por qué es importante el Consorcio de Libros Accesibles (ABC)?
 
Michiel Kolman: En lo que se refiere a la edición accesible, el ABC nos marca el camino. Ahora que ha entrado en vigor el marco jurídico establecido en el Tratado de Marrakech, y que cada vez más países se adhieren al mismo, tenemos que centrarnos en la producción de libros en formatos accesibles y ponerlos a disposición de todos. Ahí es donde el ABC entra en juego. Y es por eso por lo que necesitamos que el mayor número posible de editores suscriban la Carta de la Edición Accesible patrocinada por el Consorcio, de modo que podamos de verdad aumentar la cantidad y la variedad de obras en formatos accesibles, como son el lenguaje braille y los caracteres grandes.
 
Hugo Setzer: Mi empresa, El Manual Moderno, acaba de firmar la Carta de la Edición Accesible del ABC. Somos una editorial mexicana de tamaño mediano, especializada en publicaciones médicas. Creemos que el Tratado de Marrakech y el ABC revisten suma importancia. Menos del 10% de todas las publicaciones que se producen cada año está disponible en formatos accesibles pese a que, conforme a la Unión Mundial de Ciegos, haya alrededor de 253 millones de personas con discapacidades visuales que necesitan obras en esos formatos. Por ello, es fundamental que los editores colaboremos en el proceso y produzcamos publicaciones accesibles. Además, los editores que todavía no estén preparados para firmar la Carta del ABC pueden de todas formas apoyar la iniciativa, agilizando la concesión de autorizaciones de los titulares de los derechos de autor que solicite el Servicio Mundial de Libros del ABC, con miras a facilitar el intercambio transfronterizo de libros en formatos accesibles.
 
¿Cuáles son las principales inquietudes de los editores con respecto al ABC?
 
Michiel Kolman: Cuando en 2014, Elsevier encabezaba la lista de editoriales deseosas de unirse al ABC- Youngsuk Chi, presidía entonces nuestra editorial y la UIE, y estaba convencido de que eso era lo correcto - sé que a muchos editores les preocupaban las eventuales repercusiones de la edición de obras que nacen accesibles sobre las ventas y los ingresos. Estas inquietudes, si bien comprensibles, son infundadas. Las ventas no caerán en picada porque los editores pongan a disposición de un grupo limitado de personas con dificultad para acceder al texto impreso libros en formatos accesibles, como EPUB 3 para los libros electrónicos o html para las revistas.
 
Hugo Setzer: Estoy de acuerdo. Realmente, los editores pueden desempeñar un papel fundamental en la puesta a disposición de libros en formatos accesibles. Sus inquietudes se deben en gran medida a que aún no entienden plenamente en qué consiste la edición accesible. Muchos siguen asociando el Tratado de Marrakech con una limitación de los derechos de autor, lo que, por lo general, conlleva una pérdida de ingresos. No obstante, en este caso, esto no ha sido demostrado. Por el contrario, la producción de publicaciones accesibles podría representar una fuente de ingresos adicional. Las personas ciegas o con discapacidades visuales no pretenden que los editores les regalen nada, quieren comprar los libros, pero en los formatos adecuados a sus necesidades.
 
Michiel Kolman: A los editores también les preocupa el costo que supone pasar a un entorno de edición de obras que nacen accesibles. Es verdad que Elsevier es una gran editorial que está a la vanguardia de la tecnología, pero las editoriales más pequeñas que están migrando a sistemas digitales tienen la posibilidad de beneficiarse de nuestra experiencia y pueden superar muchos problemas mediante la utilización de formatos probados que ya están disponibles. Estos formatos son realmente idóneos para cualquier editorial.
 
Hugo Setzer: Además de los efectos sobre los ingresos y los costos, a los editores también les preocupan las cuestiones relacionadas con la adecuación de los formatos y el modo de atender a las necesidades de los usuarios. Muchos temen que el cambio a una publicación accesible implique la necesidad de producir dos versiones diferentes de la misma publicación, una para el mercado ordinario (sin discapacidad visual) y otra para las personas con dificultades para acceder al texto impreso. Sin embargo, esto no funciona así. Cuando una publicación nace accesible todos la pueden utilizar. Varían simplemente su diseño y su formato. Al suscribir la Carta del ABC los editores manifiestan que hace suyos el objetivo y la aspiración de aumentar la accesibilidad de más libros para más personas. Si incorporamos normas de accesibilidad en nuestros procesos de edición, lo que es relativamente fácil de hacer, todas las nuevas publicaciones podrían nacer accesibles. Y ese es el objetivo que perseguimos.
 
En El Manual Moderno hemos colaborado con nuestros socios tecnológicos para resolver diversos problemas técnicos, y al pasar al formato EPUB 3, el formato adecuado para la producción de los libros accesibles, hemos comprobado la existencia de un gran potencial para mejorar la facilidad de uso y la calidad general de nuestros libros electrónicos.
 
¿En qué medida es difícil promover la accesibilidad en el sector editorial?
 
Michiel Kolman: Bien es cierto que la accesibilidad requiere tanto un compromiso real como una pericia técnica. En Elsevier ya habíamos adoptado un método digital de flujo de trabajo, por lo que con unos pocos ajustes pudimos pasar al formato EPUB 3 con relativa facilidad. No obstante, es evidente que la cosa no siempre es tan sencilla, en particular para las editoriales más pequeñas.
 
Hugo Setzer: Sí, eso es cierto. En realidad, nos fue fácil adoptar la decisión de suscribir la Carta del ABC, pues pensábamos que hacíamos lo correcto. Sin embargo, el paso siguiente, consistente en aprender la forma de producir publicaciones accesibles, no es tan sencillo. No se trata sólo de adoptar el formato EPUB 3. Ese es un punto de partida fundamental, pero es evidente que las personas con dificultades para acceder al texto escrito no van a escuchar el libro de principio a fin. Deben poder navegar por éste y buscar las partes que les interesan, del mismo modo que lo hacen las personas videntes. Por consiguiente, debemos encontrar un sistema que permita a los lectores con discapacidad visual desplazarse por el texto. Esto requiere conocer el lenguaje técnico de marcado y las normas y especificaciones para Internet, así como comprender la manera en que las personas con discapacidad usan sus tecnologías de asistencia. En este momento estamos aprendiendo sobre las necesidades de los lectores con dificultades para acceder al texto impreso y el modo de aprovechar los recursos tecnológicos para garantizarles una buena experiencia de usuario. Pero es obvio que, al menos en lo que a nuestra editorial se refiere, no nos será posible producir todas nuestras publicaciones en formato accesible. Este es el caso, por ejemplo, de nuestros libros de texto para cirujanos, ya que producirlos en formato accesible, además de muy complicado y costoso, no resultaría de gran utilidad. Por ende, se trata de identificar las necesidades del mercado y evaluar dónde podemos aportar un mayor valor agregado. Pero nos hemos comprometido a hacer todo lo que esté en nuestro poder. Es realmente una labor en curso.
 
El ABC se centra en prestar apoyo a los editores de los países en desarrollo, pero ¿no sería necesario brindar ayuda a las pequeñas editoriales de los países más ricos?
 
Michiel Kolman: Deberíamos dirigirnos a todos los editores y espero que muchos más suscriban la Carta del ABC. Aunque aún no hayan dado el paso, muchos se muestran interesados. Entiendo sus dudas, pero no olvidemos que nadie espera que introduzcan soluciones de edición accesible de un día para otro. Los editores que firman la Carta del ABC adquieren un compromiso y, ciertamente, expresan una aspiración, pero cada uno puede realizar la transición a su propio ritmo. Tienen además la posibilidad de beneficiarse de las experiencias de quienes ya hicieron esa transición. El que un editor más pequeño necesite de más tiempo para efectuar los cambios pertinentes no supone ningún problema.
 
Hugo Setzer: Sí, estoy de acuerdo. Debemos tener en cuenta los intereses de todos los editores. La UIE respalda plenamente al ABC y tenemos que trabajar en estrecha colaboración con la OMPI para intensificar nuestros esfuerzos por explicar a los miles de editores representados por la Unión en más de 70 países, y a los 191 Estados miembros de la OMPI, las funciones del Consorcio.
 
¿Por qué es esencial que los editores presten atención a la accesibilidad?
 
Michiel Kolman: Los editores tienen la responsabilidad de velar por que sus publicaciones estén disponibles para todos. Por motivos éticos, no podemos excluir a las personas debido a su discapacidad. Se trata, por consiguiente, de hacer lo correcto. Por supuesto, no se puede lograr de la noche a la mañana, pero tenemos que empeñarnos en asegurar que la mayor parte de las publicaciones estén disponibles en los formatos adaptados a las necesidades de las personas con discapacidad visual. Ello forma parte de nuestra responsabilidad social más amplia.
 
¿Qué lagunas sigue habiendo?
 
Michiel Kolman: Es esencial concientizar a los editores respecto del ABC. Un gran número de ellos ni siquiera sabe que existe. Aunque es posible que hayan oído hablar del Tratado de Marrakech, muchos todavía no entienden con claridad en qué medida les concierne. Cuando conozcan exactamente el contenido del Tratado de Marrakech y los objetivos del ABC, estoy seguro de que suscribirán la Carta del ABC.
 
Hugo Setzer: Sí, el fomento de la sensibilización reviste suma importancia. Las excepciones y limitaciones a la legislación de derecho de autor no suelen gustar a los editores. No obstante, la excepción que sustenta el Tratado de Marrakech está muy bien definida y redactada con precisión. Si bien la aprobación del Tratado por parte de la UIE aplaca las inquietudes de los editores, muchos aún no conocen el ABC o las necesidades en materia de edición de los lectores con dificultades para acceder al texto impreso. Si hace unos meses me hubieran preguntado si un audiolibro proporciona una buena solución a las personas con discapacidad visual, hubiera contestado afirmativamente. Simplemente no había pensado en la necesidad de ofrecer a un lector con discapacidad visual la posibilidad de navegar por el libro. Para muchos editores, entre los que me incluyo, la transición a publicaciones que nacen accesibles conlleva una gran experiencia de aprendizaje.
 
¿Puede la comunidad de personas ciegas o con discapacidad visual hacer algo para ayudar a que los editores entiendan mejor sus necesidades?
 
Michiel Kolman: El ABC brinda el foro idóneo para este debate. No cabe duda de que tenemos que intensificar nuestros esfuerzos para incitar a los editores a aprender unos de otros.
 
Hugo Setzer: Nuestro primer desafío consiste en promover el ABC entre los editores y destacar su carácter vocacional.  A continuación, debemos poner en marcha programas de formación práctica, con objeto de enseñar a los editores lo que han de hacer para producir publicaciones accesibles. Este paso es realmente esencial y creo que se trata de una función que podría asumir la OMPI. Una vez que los editores se comprometan con el ABC y la edición accesible, debemos brindarles el apoyo práctico necesario para que realicen la transición.
 
En su opinión, ¿qué problemas pueden plantearse en el futuro?
 
Michiel Kolman: Imaginemos que, en un momento dado, un número considerable de editores aumenta su producción de contenidos en formatos adaptados a las necesidades de las personas con discapacidad visual. ¿Qué facilidades tendrían entonces estas últimas para encontrar los libros que desean en el formato que necesitan mediante una búsqueda en Google o en Amazon? Creo que ese aspecto aún no se ha considerado y que es algo en lo que debemos empezar a pensar desde este mismo instante. Lo último que queremos es que los usuarios tengan dificultades a la hora de encontrar todas esas obras que la OMPI, la UIE y otros interesados se han esforzado con tanto empeño en poner a disposición en los formatos adecuados.
 
¿Qué logros le gustaría ver en los próximos diez años en la edición accesible?
 
Michiel Kolman: Querría que muchos más editores se adhirieran al ABC e iniciaran seriamente la producción de publicaciones que nacen accesibles. Desearía que se disparara el número de publicaciones en formatos accesibles y que éstas se pudieran encontrar con facilidad.
 
Hugo Setzer: En un primer tiempo, creo que sería necesario que el porcentaje de publicaciones disponibles en formatos accesibles se duplique como mínimo en los próximos cinco años. Eso sería un excelente comienzo.
 
Febrero 2018
Por Catherine Jewell, División de comunicaciones, OMPI